Exposición: "La puerta del cielo. Iconografía de la Navidad en los manuscritos iluminados"


Entre el 16 de diciembre de 2019 y el 7 de enero de 2020 va a celebrarse en la Biblioteca Infanta Elena de Sevilla la exposición titulada "La puerta del cielo. Iconografía de la Navidad en los manuscritos iluminados", en la cual se mostrará al público una selección de libros y facsímiles sobre dicha temática.

Entre ellos, se incluyen las reproducciones de las miniaturas incluidas en el Devocionario de Michelino da Besozzo (s. XIV), Las Bellas Horas del Duque de Berry (s. XV) o el Libros de Horas del Cardenal Farneserio (s. XVI).

Se trata de una excelente ocasión para disfrutar con una de las modalidades menos divulgadas de la pintura, la de la iluminación de manuscritos.

La exposición ha sido comisariada por José Luis Trullo y está organizada por Cypress Cultura.



Encuentro Poético de Sevilla


Durante dos días se darán cita varios eventos durante los cuales se constatará la enorme vitalidad de la poesía en la capital de Andalucía, desde los tiempos de Fernando de Herrera hasta la actualidad. Se presentará la antología de poetas sevillanos Lengua en paladar (publicada por editorial Thémata en su nueva colección Cielo abierto), así como los nuevos poemarios de Enrique Baltanás y Jesús Cotta, se celebrará un coloquio sobre las revistas poéticas en la ciudad y autores locales leerán sus poemas en un ambiente familiar y distendido.







Información:
revistarotula@gmail.com
Tlf. 651 10 20 72


Presentación en Sevilla de Los ángeles fríos, de Rosario Troncoso




«Hay en la poesía de Rosario Troncoso una forma especialísima de metáfora que no sé si sabre definir, porque partiendo de lo cotidiano, salta, subida en zancos gigantescos, hasta lo surrealista y onírico. Es un vuelo vertical y sorprendente. En la poesía de Rosario Troncoso, las persianas se clavan en sus raíces, y es el momento de la negación de lo externo y la reclusión en lo íntimo, donde todos nos encerramos con viejos demonios. “Es dolor abisal -dice Rosario- dejar de respirarte”.

Rosario se acerca al precipicio que surge, a veces, tras los escaparates, donde se nos dice que la vida es otra cosa, más brillante y feliz. Solo hace falta dar el paso, llegar al mostrador y pedir lo que quieres. Pero los maniquíes mienten y los pasos de esta mujer, maestra y madre “los vigila la cordura”. ¡Ah la cordura! “La cordura -dice- y una suerte de cómoda indolencia/ anudada en el vientre y en los ojos”».

Gloria Díez


Enrique Baltanás, Esta sombra que fui



"El pensamiento universal de muerte y vida, de misterio y esperanza, 
Baltanás nos lo hace llegar desde un verso terso y bien entramado, 
donde junto a la pérdida y desolación encontramos 
ironía, belleza y esperanzadas luces".

(Dionisia García)

Enrique Baltanás (Alcalá de Guadaíra, Sevilla, 1952) es autor de varios libros de poemas, todos ellos representados en la antología Medidas provisionales (2004), volumen al que siguieron El argumento inacabado (2005), Trece elegías y ninguna muerte (2010) y Las propiedades del aire (2015). Ha sido premio Luis Cernuda y Premio de Poesía Unicaja. Con su novela A punto de dejarlo (2012) obtuvo el  Premio Tiflos de Novela. Ha traducido a Goethe (Poemas del amor y del conocimiento) y  una  antología poética,  El tiempo tras  nosotros, de Vincenzo Cardarelli. Además de haber reunido las Obras completas de Antonio Machado y Álvarez, Demófilo (Sevilla, 2005), fruto de su larga dedicación machadiana son los libros Antonio Machado. Nueva biografía (2000), Los Machado (2006) y La obra común de los hermanos Machado  (2010), sobre la obra teatral de ambos hermanos. Ha  publicado los ensayos La materia de Andalucía (2003) y Las olas muertas (2011) y el libro de aforismos Minoría absoluta (2010).

"Poemas graves, pero sin patetismo ni retórica (aunque la muerte ronde), 
acordes a las enseñanzas de la edad, serenos y muy lúcidos, 
dignos de una voz clara, reconocible y propia 
dentro de nuestra poesía reciente".

(Álvaro Valverde)

DEL POEMA

PALABRAS son para desvanecer
a esas sombras oscuras de la noche.
Para tenerlas cerca, bajo llave
en un arca sellada.

Pero las sombras vuelven, como fieras
o fantasmas que escapan...
de un arca mal cerrada,

si el borrador es torpe y no consigue
tenderles la celada que parece
memoria y es olvido.



Enrique Baltanás
Esta sombra que fui

Colección Poesía al Albur

17x12cm
64 págs.
10€

Información y reservas:
cypress.cultura@gmail.com
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Jesús Cotta, Niños al hombro




Nacido en Cártama (Málaga) en 1967, estudió la carrera de Filología Clásica. Desde hace años reside en Sevilla y actualmente imparte clases de Filosofía y Griego en el IES Martínez Montañés de la capital hispalense. Publicó sus primeros poemas en la revista Nadie parecía. Es autor del ensayo Topicario. Arpones contra el pensamiento simple (2005), así como de las novelas Las vírgenes prudentes (2005) Ulises y las sirenas. El dilema de la infidelidad (Paréntesis, 2009) y Manual de ayuda contra los libros de autoayuda (La Isla de Siltolá 2011), Teresa, mon amour (Mono Azul Editora, 2008), una selección de textos de santa Teresa de Jesús, y Rosas de plomo. Amistad y muerte de Federico y José Antonio (Stella Maris, 2015), primer premio Stella Maris de Biografía Histórica. Asimismo, ha publicado los libros de poemas A merced de los pájaros y Menos la luna y yo. Como aforista ha publicado Cometario (La Isla de Siltolá, Sevilla, 2015) y ha participado en las antologías de aforismos Las cosas que no son. Los aforistas y Dios; Fili Mei. Los aforistas y la paternidad; Una idea con su vuelo. Los poetas y el aforismo; y Juega o muere. Los aforistas y lo lúdico. También ha sido publicado en la revista digital El Aforista y en el Anuario del Aforismo Español. Niños al hombro es su tercer poemario publicado.


CÓMO te mima el viento
cuando cimbrea
las flores de tu huerto
y tu melena.
A mí me arrastra
y hace conmigo lo que
le da la gana.


*   *   *


EL universo va
por todos lados
haciéndose más grande
buscando algo.
Y lanza estrellas
a la busca y captura
y no lo encuentra.


*   *   *


YO no puedo salir
del universo
porque allí donde vaya
lo llevo dentro.
Y no voy solo,
que voy por las estrellas
contigo a hombros.



Jesús Cotta
Niños al hombro
17x12 cm
64 págs.
10€


Información y reservas:
cypress.cultura@gmail.com
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Rodolfo Agricola, Sobre la Natividad de Nuestro Señor




Rodolfo Agrícola nació en 1444 en los Países Bajos y falleció en 1485 en Heidelberg, Alemania. Su vida breve concretó numerosos saberes y misiones: fue humanista y maestro de humanistas, escribió en latín como los ángeles y no en el endemoniado latín de los tardo escolásticos. Aprendió griego y hebreo. Fue educador, músico, diplomático, poeta en latín y en lengua vernácula. Escribió libros de retórica y dialéctica, es decir, del arte de hablar y pensar, construyó un órgano para una iglesia y hasta le sobró tiempo para practicar el deporte que hoy llaman boxeo. (Del prólogo de J.J. Cabanillas).

Por primera vez, se traduce al español el discurso titulado Sobre la Natividad, del humanista alemán Rodolfo Agricola, en versión directa del latín de Jesús Cotta.

"Por una remota costumbre de la antigüedad, doctísimos varones, siempre se ha observado que se celebre el natalicio de cada cual, por su propia familia el de los particulares y, por unanimidad y con público regocijo, el de los príncipes y los hombres ilustres de pueblos y provincias. Consideraban, en efecto, que, con renovado gozo cada año, debían festejar como solemne el día aquel que les diera la posesión de la luz y de la vida, el que abrió paso a todos los demás días, el que nos habilitó para todos los bienes que en vida recibimos. Pero tanto más obligados se sentían a honrar, con respeto y acciones de gracias, ese día en que naciera un varón que por sus muchas virtudes descollase: ¡cuánto más importante y más bello que simplemente vivir es ser vida y salvación para toda una mayoría!"

(Rodolfo Agricola, Sobre la Natividad de Nuestro Señor)

El libro incluye un apéndice de José Luis Trullo sobre la Philosophia Christi de Agricola, así como villancicos poéticos de José Mateos, Aquilino Duque, Jesús Cotta, Enrique García Máiquez y Carmelo Guillén Acosta.



Formato: 17x12 cm. 
50 págs. 10€, envío gratis


Información y reservas
cypress.cultura@gmail.com

Simbología del ciprés

El ciprés es el árbol que simboliza la unión entre el Cielo y la Tierra. Tanto su tronco como sus raíces se alzan y descienden profundamente hacia el centro de la Tierra (antiguamente, el inframundo), así como hacia la morada de los dioses (actualmente, el reino de las ideas psíquicas).

El ciprés está considerado como un árbol sagrado entre numerosos pueblos; gracias a su longevidad y a su verdor persistentes, se llama "el árbol de la vida" (ciprés-tuya). Entre los griegos y los romanos, está en relación con las divinidades del infierno; es el árbol de las regiones subterráneas; está ligado al culto de Plutón, dios de los infiernos; también adorna los cementerios.

Foto de José Luis Trullo

El ciprés es en Europa un símbolo de duelo. Quizás se trata de todos modos de una mala interpretación, aunque sea de origen muy antiguo, del simbolismo universal y primitivo de las coníferas que, por su resina incorruptible y su follaje persistente, evocan la inmortalidad y la resurrección. "Las heladas del invierno no hacen sino resaltar con mayor esplendor la fuerza de resistencia del ciprés, al que no consiguen despojar de sus hojas", escribió Chuang-Tse. En la China antigua, el consumo de las semillas del ciprés procuraba longevidad, pues eran ricas en substancia yang. La resina del ciprés permitía, si uno se frotaba con ella los talones, andar sobre las aguas. Volvía el cuerpo ligero. La llama obtenida por la combustión de las semillas permitía la detección del jade y del oro, igualmente substancias yang y símbolos de inmortalidad.

Orígenes ve en el ciprés un símbolo de las virtudes espirituales, pues "el ciprés desprende muy buen olor", el de la santidad.

En el Japón, una de las maderas más usadas en los ritos del shinto es una variedad del ciprés, el hinoki: además de su utilización en la fabricación de diversos instrumentos, como el shaku (cetro) de los sacerdotes, hay que señalar sobre todo que el fuego ritual se enciende por frotamiento de dos trozos de hinoki. Esta madera es igualmente la que sirve para la construcción de los templos, como el de Isé. Se vuelven a encontrar aquí manifiestamente las nociones de incorruptibilidad y de pureza.

También como símbolo de inmortalidad se representa el ciprés (asociado al pino) en las logias de las sociedades secretas chinas, a la entrada de la "Ciudad de los Sauces" o del "Círculo del Cielo y de la Tierra". Los yin, dice Confuncio, lo plantaban al lado de los altares de la Tierra.

Según consta en el Diccionario de los Símbolos y Mitos de  J.A.Pérez-Rioja, al igual que todos los árboles fálicos el ciprés es, al mismo tiempo, un símbolo de la generación, de la muerte y del alma. Pero, sobre todo, en su calidad de árbol perenne, siempre verde, perfumado, de madera incorruptible como la del cedro, ha tomado una significación funeraria. Ya desde los tiempos paganos, se asocia con la idea de la muerte. Así, entre diversos pueblos primitivos y entre los griegos, que lo consideraban como uno de los atributos de Hades y de otras divinidades infernales. También debieron consagrarlo a Esculapio, dios de la medicina. Los romanos lo consagraron, asimismo al dios infernal Plutón, otorgando al ciprés el adjetivo de «fúnebre», con el que ha pasado a la posteridad. Por ello se encuentra, generalmente, en los cementerios. Por su follaje oscuro y por su tronco, que, si se corta, jamás vuelve a crecer -otras ideas que lo relacionan con la muerte-, el ciprés aparece esculpido en numerosas tumbas cristianas.


En la simbología del cristianismo, significa también la angustia, la inmortalidad o la mansedumbre.

En heráldica, simboliza elevados y nobles sentimientos, como la idea de incorruptibilidad.

En su Diccionario de los símbolos, H. Biedermann señala que el ciprés es
también atributo de muchas divinidades femeninas (Cibeles, Perséfone, Afrodita, Artemis, Envinome, Hera, Atenea). También las hijas del rey Eteocles de Orcomenos fueron convertidas en cipreses al igual que, según otra tradición, un joven llamado Kyparissos, que había dado muerte a un ciervo sagrado. Muchas cosas sugieren que el ciprés, ya en la época prehelénica, fue un árbol simbólico religioso al que más tarde se relacionó con cultos del mundo subterráneo. Por este motivo fue plantado a menudo junto a los sepulcros, y además, a causa de su virtud de repeler hechizos malignos, también fueron cercados. Decíase que unas ramitas de ciprés puestas debajo de las semillas preservaban a éstas de los elementos dañinos. El árbol de las hojas siempre verdes y de larga vida con su duradera madera era también símbolo de longevidad. Dado que también se le representa en cuadros del paraíso, pudo plantarse junto a las tumbas cristianas como símbolo de la esperanza en el más allá y representarse en los sarcófagos, aunque anteriormente muchos ídolos se habían tallado en madera de ciprés.

«La madera de ciprés resiste y dura mucho tiempo. 
Parece como si desafiase la carrera de la mortalidad
El que mediante el espíritu de Dios se prepara para la muerte
Sabiamente guiará su navecilla hacia la vida verdadera» 

                                  (Holiberg, 1675)